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martes, 1 de septiembre de 2009

Los atacantes del mar - The Sea Ryders


Publicado en 1896 con el título de "The Sea Ryders", que debería traducirse como los invasores del mar, fue publicado en castellano con el título "Los atacantes del mar" en el libro recopilación denominado "La Ciencia-Ficción de H. G. Wells II", publicado en España en 1987, con un ligero retraso como se ve. La editorial fue Ediciones Orbis (Enlace) en la colección Biblioteca de Ciencia Ficción. En Hispanoamérica fue publicado por la editorial Hyspamérica (que es un sello de Orbis), en la colección Biblioteca de Ciencia Ficción (serie blanca), en dos volúmenes. Este cuento es el primer relato del segundo volúmen. La colección original se denominó THE SHORT STORIES OF H.G. WELLS en 1927, pero el libro o colección de libros contenía mucho más relatos que el publicado en castellano (Enlace).

SINOPSIS:

CITA: Hasta el extraordinario suceso de Sidmouth, la peculiar especie Haploteuthis ferox era conocida por la ciencia sólo de forma genérica, fundándose en un tentáculo medio digerido hallado cerca de las Azores y en un cuerpo medio descompuesto, picoteado por los pájaros y mordisqueado por los peces, encontrado a principios de 1896 por Mr. Jennings, cerca de Land's End
Realmente, en ningún ramo de la zoología estamos tan a oscuras como en el que concierne a los cefalópodos de las profundidades marinas. Por ejemplo, fue una mera casualidad lo que llevó al príncipe de Mónaco a descubrir, en el verano de 1895, casi media docena de nuevas formas, entre las que se incluía el tentáculo antes mencionado. Sucedió que unos balleneros mataron, cerca de Terceira, un cachalote que, en un último esfuerzo, casi embistió el yate del príncipe; pero falló, dio una vuelta y murió a unas veinte yardas del timón. En su agonía arrojó unos objetos de gran tamaño, que el príncipe, presintiendo vagamente que se trataba de algo extraño e importante, pudo, por suerte, recoger antes de que se hundieran. Puso las hélices en movimiento y, dando vueltas en los vórtices así creados, los mantuvo hasta que consiguieron bajar un bote. Resultó que aquellos especímenes eran cefalópodos enteros y fragmentos de cefalópodos, algunos de ellos de proporciones gigantescas, y ¡casi todos desconocidos para la ciencia!


En la costas de Cornualles y Devon aparecen, de repente, un grupo de estos cefalópodos. Si bien Wells menciona de pasada que varias personas desaparecidas mientras navegaban en barcas por estas costas después fueron atribuidas a este cefalópodo, el primer ser humano que se encuentra con estos seres y sale con vida para contarlo fue un comerciante de té llamado Fison, y que se hospedaba en una casa de huéspedes de Sidmouth. Yendo de paseo entre esta población y Ladram Bay por una senda que circula por encima de los acantilados de esta porción de costas en una mañana del verano del 96, ve algo que le llama la atención. Al principio interpreta que es
una bandada de pájaros que luchaba por conseguir un pedazo de comida, que a la luz del sol resplandecía con brillo blanquecino y rosado.


Imprudentemente Mr. Fison se aceca a curiosear y encuentra
cuerpos redondeados se movían de un lado a otro, pero solamente cuando coronó el montículo rocoso que he mencionado se dio cuenta del carácter horrible de su hallazgo. Lo descubrió de forma repentina.
Los cuerpos redondeados se separaron cuando él apareció sobre el escollo, y mostraron que el objeto rosado era el cuerpo parcialmente devorado de un ser humano; pero habría sido incapaz de decir si pertenecía a un hombre o a una mujer.


De esta aventura Mr. Fison sale vivo de milagro y, más tarde, se acerca al mismo sitio, durante la tarde, ahora por mar, en una barca con otros tres hombres. Divisan los monstruos marinos y, cuando están peleando contra ellos, aparece otra enbarcación con tres mujeres, un niño y un barquero. Dentro de la embarcación donde iba el Sr. Fison, un tal Hill es arrastrado al mar por los bichejos. Mientas los monstruos devoran al hombre, los otros tres deciden saltar de la barca y, haciendo pie, se alejan hacia la costa rocosa. Una vez allí, Mr. Fison observa que Hill ha desaparecido y que, la otra embarcación,
había volcado y cabeceaba torpemente sobre el mar.


Con este hecho, los cefalópodos desaparecen tan repentinamente y misteriosamente como habían venido.

MI VALORACIÓN: Este relato de H. G. Wells es bastante pobre. No tiene ningún interés literario. Seguramente H. G. Wells se dejó llevar por su caracter de profesor de ciencias naturales para escribir el relato, pero el final deja mucho que desear. Al principio el relato promete bastante y es bastante interesante, pero debería de haberse esmerado un poco más en proponer una teoría para su repentina desaparición. No sé que, quizás un alga tóxica, la aprición de cachalotes (estos primos de las ballenas les encantan los cefalópodos de gran tamaño) o algo similar. Hubiera sido más creíble.

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